Un viaje a Marruecos

Un viaje a Marruecos siempre había sido uno de mis grandes anhelos y que por fin he marcado como “hecho” de todas las actividades por hacer en mi Bucket List.

Este hermoso país, además de haber sido mi primer contacto con la cultura árabe, ha sido de los pioneros en mi vocación como organizador de viajes.

En ese entonces – en el 2016 –, yo trabajaba en una empresa madrileña en la que nos encargábamos de organizar actividades, entre ellas viajes, para todos los estudiantes extranjeros que venían a la bella Madrid.

Por lo tanto, el organizar un viaje para 40 estudiantes, durante casi 3 semanas, por Marruecos, no fue tarea fácil. Sin embargo, lo disfruté como no he disfrutado de la organización en mucho tiempo.

Algo que hay que aprender es que, en Marruecos, la sensación del tiempo es diferente a como estamos acostumbrados. Existe algo como el “ahorita” en México, en donde no sabes si se refieren a que lo harán en 5 minutos o en 5 horas – o días –.

La vida pasa bastante lento en aquél país y si te dicen que tendrán algo preparado para las 15:00, probablemente tengas que contemplar llegar a las 15:45.

Es una pequeña pizca cultural que enriquece muchísimo el visitar un país como este. Es parte de su vida y su encanto y que, una vez acostumbrado, se vuelve parte de ti.

El viaje a Marruecos comienza en Madrid, saliendo de la Plaza de Colón en donde citamos a todos los viajeros a las 07:45 de la mañana para salir a las 08:00 en punto.

Como en muchos de los viajes que organicé con esta empresa, la impuntualidad de los que asistían era pan de cada día. Ya habíamos tenido varias reuniones con todos los que venían para prepararlos sobre la importancia de la puntualidad y sobre lo que iban a ver en Marruecos – pobreza, cambio de divisa, el regateo, la ruta que teníamos planeada, etc.

Si quieres saber más sobre esto o estás planeando tu primer viaje a este país, te recomiendo que leas Consejos para Viajar a Marruecos.

El itinerario de viaje salió casi como lo teníamos planeado, salvo por algunos problemas que estuvieron fuera de nuestro poder, pero que no provocaron mayores problemas.

A continuación te dejo el mapa de nuestra ruta: Madrid – Tarifa – Tánger – Chefchaouen – Fez – Merzouga – Ait Ben Hadu – Marrakech – Casablanca – Tánger – Tarifa – Madrid.

itinerario de madrid a marruecos

Itinerario de Madrid a Marruecos

Acabamos saliendo un poco más tarde de lo previsto, pero con todas las ganas de emprender el largo viaje en autobús  hasta Tarifa, el punto más meridional de la Península Ibérica.

Por norma general, los conductores de autobuses en España, tienen que ir haciendo paradas continuas para descansar. Con lo cual, las paradas intermedias no las tomaré en cuenta en este itinerario.

Itinerario de Madrid a Tarifa

Itinerario de Madrid a Tarifa

El tiempo aproximado de viaje de Madrid a Tarifa era alrededor de unas 6 horas y 45 minutos, sin paradas. Sin embargo, al tener que ir parando para que nuestro excelente chofer llamado Juan – que verdaderamente fue un conductor admirable – demoramos unas 8 horas y media en llegar hasta el puerto en donde bajaríamos del bus, pasaríamos migración enseñando nuestros pasaportes y el visado correspondiente.

A pesar de las advertencias, recomendaciones y consejos que le dimos a cada uno de los viajeros que nos acompañaban en esta ocasión, no pudimos evitar que por lo menos uno tuviera problemas con sus documentos y no la dejaran pasar.

Una chica coreana que viajaba con su pasaporte que le caducaría en 2 meses, le fue impedida la entrada al país. Lamentablemente, no pudimos hacer nada para ayudarla y tuvo que quedarse ahí, en Tarifa, mientras el resto de viajeros pasaban el control sin problemas.

Fue una situación desagradable y que, sinceramente me dio mucha pena por la chica. Sin embargo, había otras 50 personas que habían seguido las indicaciones que les dimos y no podíamos permitir arruinarle el viaje al resto de personas.

Es una de las decisiones que hay que tomar a la hora de liderar un grupo hacia una ruta turística. Afortunadamente, conmigo iban 3 personas más que me iban ayudando y uno de ellos pudo quedarse con la chica para acompañarla de vuelta a Madrid.

Si te interesa saber más sobre los requisitos para entrar a este país y que no te suceda algo parecido, te recomiendo que leas Visado para viajar a Marruecos.

Una vez pasamos este control, tocaba abordar el ferry que nos llevaría a través del estrecho de Gibraltar hasta Tánger. El ferry que contratamos nosotros se llama FRS y en ese viaje que hicimos resultó bastante agradable.

Después de, más o menos, una hora y media de control y abordaje en donde, créase o no, entraron ¡4 autobuses en el ferry! Comenzamos a avanzar, casi sin percatarnos, rumbo a lo que sería el comienzo de nuestra gran aventura en Marruecos.

Ferry de Tarifa a Tánger

Ferry de Tarifa a Tánger

¡Por fin en Marruecos!

Cansados del viaje en autobús, pero ya un poco más relajados porque en el ferry puedes ir de pie, viendo las preciosas vistas desde el barco, tomando algo en el bar que tiene, etc. Hicimos nuestro camino hasta el puerto de Tánger, una de las puertas de entrada principales de Marruecos.

Itinerario de Tarifa a Tánger

Itinerario de Tarifa a Tánger

Arribamos al puerto en donde nuestro gran amigo Mohammed nos esperaba. Mohammed fue nuestro encantador y siempre dispuesto guía marroquí.

Es sumamente necesario que cuando se planee un viaje a Marruecos con diferentes ciudades en tu ruta, se haga a través de un guía local. Como en muchos países en desarrollo, al turista lo suelen estafar cobrándole más de lo que en realidad cuesta. Con lo cual, si vas con un guía que te sepa mover, te ahorrarás muchas estafas y disgustos.

Mohammed, el guía de Marruecos, y Yo

Mohammed y yo en Ait Ben Hadu

Saliendo del ferry y tras volver a pasar migración en donde nos abrieron las maletas a casi todos y nos revisaron y volvieron a revisar varias veces más toda nuestra documentación, descubrieron que no llevábamos drogas ni armas – curiosamente hay una revisión exhaustiva para entrar a Marruecos desde España pero para salir de Marruecos no lo hay¿? –.

Otro par de horas habían pasado desde que llegamos al puerto, bajamos del barco y nos dirigimos hacia migración, nos revisaron a todos, nos dejaron salir y esperamos a que el autobús, que también venía en el mismo ferry, pasara también la revisión.

Todo estaba en orden y era hora de ir al hotel

Recogimos nuestras maletas y las subimos al autobús, en donde Mohammed ya se había subido y comenzaba a presentarse con el micrófono del bus. Desde el primer momento, se robó las sonrisas de todos los que estábamos presentes con su simpático acento y sus chistes improvisados.

Mientras nos iba contando datos curiosos de Tánger y de Marruecos en general, interrumpía sus relatos con órdenes hacia Juanito, el chófer el autobús. Ellos dos, durante todo el viaje de casi 3 semanas, tuvieron una relación de amor-odio que resultó ser el alma del viaje.

¡Llegamos por fin!. En el hotel ya nos estaba esperando con una mesa extra puesta en el lobby en donde ya tenían todo preparado para que fuéramos acomodando a los viajeros en las habitaciones que ya habíamos organizado desde antes. Por suerte, acomodar a cada uno de los que venían en el tour resultó bastante rápido y los guías pudimos ir a descansar del largo viaje que llevábamos encima.


Tánger

Estuvimos tres preciosos días en Tánger. Días soleados pero agradables; una brisa primaveral que refrescaba en las horas más calurosas del día nos acompañó durante casi todo el viaje, excepto cuando íbamos camino al desierto.

Tánger es una de las ciudades importantes, cosmopolitas, multicultural y más occidentales del país, con poco más de 1 millón de habitantes – año 2017 –, está dividida en tres principales áreas: la medina, como se le llama al casco antiguo de las ciudades musulmanas, su franja costera y la ciudad nueva, que es la parte más moderna de la ciudad y, por lo tanto, más occidentalizada.

Medina de Tánger

Medina de Tánger

Durante los dos días que tuvimos para recorrer sus bonitas calles de la medina que, a pesar de la gran influencia europea que ha tenido durante más de 140 años, no ha perdido su encanto original que te transporta a la antigüedad. Con sus murallas y sus torres circulares que tienen mucha influencia portuguesa, es una ciudad que le sobra encanto.

Muralla de Tánger

Muralla de Tánger

De todos los que veníamos en el viaje, nadie pudo resistirse a comprar algo en El Zoco, el mercado más famoso de la ciudad en donde se mezcla el bullicio de los comerciantes, con el de los transportes. Caótico pero con encanto. Así son las calles de ahí.

Estrechos callejones con tiendas de telas típicas de las mujeres del Rif, teteras y té de todo tipo, cerámicas y un sinfín de artesanía mítica de esta ciudad.

Aquellos dos primeros días del viaje pasaron volando. Casi sin darnos cuenta, habíamos pasado de ser unos meros viajeros nerviosos, a adaptarnos al estilo de vida árabe.

Nos habíamos hecho a la idea de cómo transcurren los días en este país y habíamos pasado de aceptar cualquier precio, a ser los mejores en el arte del regateo.

Organizar un viaje a Marruecos implica elaborar una buena estrategia de regateo, pues es todo un arte. Has de asumir que, gran parte de las cosas que quieras comprar, habrás de regatear y, si no lo haces, hacerte a la idea que estarás pagando, como mínimo, el doble de lo que vale en realidad. El regateo en este país no es mal visto.

Al contrario. Es un país, dedicado al comercio y acostumbrado a negociar por todo. Y cuando digo por todo, ¡es por todo!.

Si te mueves por medio de taxi, debes acordar y regatear un precio antes de incluso abrir la puerta. Si no lo haces, pagarás el precio turista. Es decir, te cobrarán como si te hubieran llevado hasta tu país de residencia.

Gran parte de los restaurantes locales, no tienen los precios escritos en el menú. ¿Qué significa esto? Que hasta la comida se regatea. Evidentemente si vas a un McDonlads, no se hace esto. Pero sí se hará en gran parte de establecimientos locales.

Incluso algunas entradas a espectáculos, se debe regatear antes de acordar el precio final.

Si quieres saber más de esto, te recomiendo que leas Cómo regatear en Marruecos.

Chefchaouen

Subimos al autobús, emocionados por habernos adaptado tan bien a esta primera ciudad y ansiosos por seguir descubriendo el resto.

Nos dirigimos a la ciudad de Chefchaouen, también conocida por los locales como Chaouen, y por los turistas, como la famosa ciudad azul.

Itinerario de Tánger a Chaouen

Itinerario de Tánger a Chaouen

A tan solo 115 km de Tánger y a poco más de dos horas de recorrido en autobús, llegamos a uno de los pueblos más bonitos en los que he estado.

En las calles de Chefchaouen

En las calles de Chefchaouen

Chaouen es una pequeña ciudad de unos 42 mil habitantes – 2015 – en donde todas las tonalidades de azul que existen se entremezclan en una combinación tan tranquilizadora como fotogénica.

El centro neurálgico de la ciudad es la Plaza Uta El-Hammam, en donde todos los caminos se entrelazan, transporta inmediatamente al pasado en donde, junto con toda la medina, recuerdan a las relajantes aguas del mar.

Sobre el porqué del color azul en la ciudad, parece que es algo en lo que no acaban de ponerse de acuerdo. Según unos, se trata de una cuestión meramente práctica, pues este color en particular ahuyenta ciertos insectos como las hormigas, los mosquitos y las moscas.

Según nos contó Mohammed, hay quien dice que fueron los judíos que fueron expulsados de España desde el siglo XV hasta el XVII y que se instalaron aquí, y comenzaron a poner este color en las puertas y las fachadas para eliminar el color verde del islam que abundaba en la ciudad.

Sea la razón que fuese, la ciudad azul es un espectáculo visual. Es un oasis de calma en medio de las montañas del Rif.

Esa misma tarde, cámara en mano y Mohammed a la cabeza, nos adentramos por las callejuelas entramadas de su famosa medina y advertimos el gran orden que había en comparación con la medina de Tánger, en donde el caos, el ruido y la agitación era permanente.

En Chaouen, cada esquina, cada fachada, cada tienda se convierte en una increíble instantánea; cada cosa que veas es una magnífica postal: unos niños jugando sobre el fondo azul de su casa; un tejedor en pleno trabajo; la aldaba de una puerta; el sinfín de tiendas de todo tipo.

Las calles de Chefchaouen

Las calles de Chefchaouen

No es de extrañar que el español se hable con una facilidad asombrosa por estos lugares y que, sus mismos habitantes, lo prefieran hablar en vez del francés, pues Chefchaouen formó parte del protectorado español sobre el norte de Marruecos.

“yo siempre veo la tele de España”, me comentó una señora con impecable acento.

En La Ciudad Azul, las personas son amables.

Sin embargo, se echa en falta la sonrisa franca y las muestras de hospitalidad tan comunes o frecuentes en otras partes de Marruecos. Mohammed nos contó que, en 1920, hasta la entrada de las tropas españolas, la ciudad era prácticamente impenetrable y su acceso estaba prohibido a cristianos y extranjeros mediante pena de muerte.

En ese momento entendí esa desconfianza que mostraban y la timidez de las mujeres que se resisten a mirarte a los ojos, agachando su mirada ante mis preguntas.

Las calles de Chefchaouen

Las calles de Chefchaouen

Chaouen se robó mi corazón. Haber tenido la oportunidad de dedicarle 3 de mis días resultó poco. Hubo quien pensó que 2 era más que suficiente.

Lo cierto es que para el viajero que hace un viaje a Marruecos, es una visita obligada. Es la primera parada de la carretera que conecta el puerto con el desierto del Sahara y que provoca la sensación de haber empezado la travesía con pie derecho.


Fez

Era miércoles a las 08:45 de la mañana. Llevábamos 15 minutos de retraso para salir rumbo a la ciudad de Fez y el autobús seguía semi lleno.

Siete asientos carecían de su dueño y nadie conocía el paradero de las ausentes. Mohammed tranquilo, acostumbrado a situaciones varias de este tipo, y yo nervioso, buscando por doquier. El resto, unos durmiendo, otros enojados por el retraso, otros ni se enteraban qué sucedía.

09:30 de la mañana, con el autobús encendido y a punto de irnos, aparecen siete siluetas a lo lejos. Entran en el autobús con sonrisa avergonzada y se sientan sin hablar con nadie.

Poco después me entero que, por necesidades femeninas, tuvieron que emprender una larga travesía, recorriendo las calles preguntando por farmacias. Todo hubiera sido más sencillo si hubieran preguntado a Mohammed.

Comenzó nuestro viaje un poco más tarde de lo esperando pero con la ilusión de seguir avanzando hacia el sur, rumbo a Fez. Cuatro horas, aproximadamente, quedaban por delante antes de encontrarnos con la hermosa muralla de su medina.

Itinerario de Chefchaouen a Fez

Itinerario de Chefchaouen a Fez

Fez no es lo que aparenta. Cuando llegas en autobús, descendiendo las colinas, aparecen casas que comparten el mismo color gris. A lo lejos, parecen casas a medio hacer; casas en construcción que se antojan abandonadas.

Esta ciudad tiene la menos modernizada medina del mundo árabe y está convertida en uno de los últimos bastiones del mundo de la era medieval.

En gran parte de las ciudades de Europa – la mayoría muy bien conservadas – la herencia del pasado se ha convertido en una mercancía que se vende al turismo.

En Fez no pasa eso. Aquí, esa antigüedad se mantiene sin conservar, con los efectos del paso del tiempo. Aquí, los turistas son minoría.

Fez es un cántico a la tradición y a la historia. El edificio más antiguo de la ciudad es la mezquita de Kairaouine, ubicada en las faldas de la colina en donde se encuentra el bullicioso centro de la ciudad, que empezó a construirse en el año 800.

En su momento, la ciudad vivió un unos años de esplendor, cuando sustituyó a Marrakech como la capital del reino. Años más tarde, perdió su título, robado por Rabat pero conservando su orgullo y espiritualidad marroquí.

Medina de Fez

Medina de Fez

De los dos días que dedicamos a perdernos en el laberíntico Fez, el segundo no fue muy bien aprovechado. Estuvimos refugiados gran parte del día en tiendas varias, en cafeterías y restaurantes por el diluvio que nos acompañó durante más de 6 horas.

Las calles de Fez son inclinadas. La muralla está en la cima de una pequeña montaña y la medina se construye hacia abajo. El diluvio provocaba cauces de río por las calles que empapaban hasta el más impermeable calzado.

“En Fez, la regla es nunca seguir una línea recta por sus calles, si existen otras alternativas. No sabes lo que encontrarás a la vuelta de la esquina” me dijo Mohammed mientras nos llevaba por el zigzag de sus callejuelas.

Me dio la impresión de haber pasado por la misma calle varias veces hasta que llegamos a la calle más angosta de toda la ciudad. Esta calle es tan estrecha, que a sus habitantes con más cuerpo les es imposible transitar por ella. “las paredes quieren besarse pero no pueden”, comenta Mohammed mientras la cruzamos.

Lo angosto de esta calle es verdaderamente impresionante, pero lo más curioso es algo que comprobé más adelante: el exterior de sus monocromáticas paredes, es menos interesante que lo que pasa en su interior.

Callejón de Fez

Callejón de Fez

Caminando en la encrucijada de calles, perdido entre la múltiples callejuelas, escuché un cántico de niños.

Rastreando aquel sonido y persiguiendo sus dulces vocesitas, llegué a una pequeña escuela. Siete niños, armados de grandes sonrisas, cantando al unísono mientras la profesora hacía las veces de directora de orquesta. Al ver mi cara curiosa asomada entre los barrotes de la ventana, me invitaron a pasar a escucharlos cantar.

Escuela en Fez

Escuela en Fez

Quince minutos de canciones me dedicaron los infantes hasta que la profesora indicó con un gesto que era hora de irnos.

El día terminó así. Con un buen sabor de boca, con el eco en mis oídos de los niños cantando en francés y en árabe y con un buen plato de couscous con pollo en mi estómago.


Camino al desierto

El trayecto comenzaba de noche. Planeábamos evitarnos un día perdido para transitar rumbo al desierto del Sahara durante toda la noche y llegar a aprovechar el día. Más de 10 horas, con las paradas y descansos incluidos, nos separaban del próximo destino.

Itinerario de Fez a Merzouga

Itinerario de Fez a Merzouga

Salimos en tiempo y forma. La gente estaba en el autobús desde antes de la hora establecida pues la lluvia los había empapado a todos y buscaban refugio, ropa nueva y calefacción dentro del bus.

Comenzamos nuestra larga travesía, siguiendo camino al sur, para encontrarnos con el anhelado desierto: la atracción más esperada por la mayoría de los viajeros que nos acompañaban en esta ocasión.

A mitad del camino, entre cabezadas, sueños ligeros y descanso escaso, me percato que el autobús se ha detenido. Juanito, el chofer del autobús, está bastante molesto y no sé por qué.

Me levanto sobre mi asiento y alcanzo a ver, entre la oscuridad, que no hay camino que seguir. La carretera desapareció, quedando cubierta por un manto de varios centímetros de nieve.

Hay una larga hilera de coches y autobuses detenidos delante y atrás nuestro. Nadie se baja de los coches, nadie hace o dice nada. Simplemente esperan.

3 horas más tarde, comenzaban a salir los primeros rayos del sol y seguíamos sin avanzar. Era el único camino rumbo a nuestro destino y no había señales de poder arreglarse la situación. Mohammed comienza a hacer llamadas a sus contactos policías.

Le comentan que un quitanieves está en camino pero que acababa de salir de Fez una hora atrás, por lo tanto, faltarían, como mínimo 3 horas más para que llegara.

Los viajeros, confundidos, comienzan a despertarse y se aproximan a mí para preguntar qué es lo que pasa. Media hora más tarde, con el sol dándole en las caras, la mayoría están despiertos y preguntándose por qué no están en el destino o por qué no están en movimiento.

Tormenta de nieve camino a Merzouga

Tormenta de nieve camino a Merzouga

Eran las 10:00 de la mañana cuando fuimos testigo de la llegada del quitanieves quien, a una velocidad poco usual, iba arrojando la nieve a los extremos de la carretera.

Ya era la hora de haber llegado a nuestro destino. Casi 8 horas de retraso esperando una solución, habían hecho que considerara la opción de no ir al desierto, dar marcha atrás y dirigirnos directamente a Marrakech. Cuatro horas más tarde, estaríamos llegando a nuestro hotel en medio de la nada del desierto.


Merzouga

Llegamos a nuestro hotel, o al que sería nuestra bodega para dejar las maletas, para comer algo y descansar del autobús y del estrés que me causó como organizador del viaje este percance. El hotel era agradable, con una piscina bonita, pequeña, pero bonita.

Al grito de “¡yallah!”, Mohammed nos regaló a cada uno de los viajeros, un turbante. Nos enseñó cómo ponerlo y nos encaminó a los dromedarios, distintos de los camellos por tener una única joroba, mientras los camellos tienen dos.

Con el turbante en Merzouga

Con el turbante en Merzouga

Nos montamos en los animales y emprendimos un recorrido de hora y media, adentrándonos en las dunas de arena, hasta llegar a unas tiendas en medio de la nada llamadas Haimas, en donde cenaríamos con los bereberes y habría otras actividades.

Dromedarios en Merzouga

Dromedarios en Merzouga

Después de un bonito atardecer sobre la joroba del pobre dromedario que iba con la lengua de fuera, llegaron las recompensas: un dolor de músculo en la entrepierna, conocido en México como estar embarado, en España como tener agujetas; y una deliciosa cena tradicional.

Marruecos tiene muchos platillos típicos. Sin embargo, en prácticamente todos los sitios a los que fuimos a comer, nos sirvieron cuscús o tajine. Ambos platos deliciosos pero muy repetitivos.

La experiencia incluye la cena con los habitantes del desierto, los bereberes. Un bonito concierto tocando sus instrumentos típicos de percusión con los que generan ostinatos rítmicos imposibles de bailar pero que resultan agradables y que provocan sensaciones de trance.

Los acompañan con canciones alegres, gritos, bailes alrededor del fuego y luego, toca ir a descansar para ver el amanecer al día siguiente.

Merzouga

Merzouga

Eran las 05:00 de la mañana cuando comenzamos a escuchar las voces de los habitantes nómadas de aquel desierto que nos alentaban a ver el amanecer. Fue un amanecer normal, pero el hecho de estar en el desierto, invitaba a una atmósfera romántica y una escena digna de ser recordada.

Tras haber presenciado el alba y haber desayunado calóricamente, nos subimos a unas camionetas para ir a visitar diferentes poblaciones que había en el desierto y un paisaje lunar, lleno de piedras y fósiles de animales ya extintos.

Nómadas Bereberes

Nómadas Bereberes

Si bien es cierto que la actividad es muy interesante, está claro que, sobretodo el segundo pueblo que visitamos, está construido para los turistas: nos recibieron con té para todos y muy buena hospitalidad, con música y cánticos tradicionales y con una coreografía muy bien ensayada.

Aun así, ha resultado muy interesante y habernos recibido con tanta alegría, hace que nos vayamos con una sonrisa de este maravilloso pueblo de antiguos esclavos negros.

Bereberes bailando

Bereberes bailando

Niño Berbere

Niño Berbere

Tras dos días completos en el desierto y los pueblos cercanos, comenzaba nuestro viaje al siguiente destino: Ait Ben Hadu.


Ait Ben Hadu

A casi 400 km del desierto en Merzouga, y en las faldas de las montañas, se encuentra Ait Ben Hadu.

Itinerario Merzouga a Ait Ben Hadu

Itinerario de Merzouga a Ait Ben Hadu

Ait Ben Hadu es un pequeño pero espectacular pueblo construido de piedra y arcilla, con edificios rodeados por grandes murallas y palmeras de dátiles. A este tipo de pueblos construidos de este material, se les llama Kasbahs, y los hay por todo el país.

Kasbah es una palabra árabe que significa ciudadela. En Marruecos, la mayoría de las kasbahs están en ruinas.

Sin embargo, debido al gran auge turístico que está viviendo Marruecos en estos últimos años, el gobierno ha estado invirtiendo en reconstruir y arreglar los hermosos pueblos fantasma sin perder de vista la gran oportunidad de negocio, cobrando la entrada en la mayoría de ellos.

Las kasbahs eran pueblos bereberes amurallados, diseñados para defender las cosechas, las casas, los habitantes, etc. Formando importantes comunidades agrarias y mercantiles con una visión muy especial y particular sobre el Islam.

Este pueblo es la kasbah más famosa de todo Marruecos. Además de ser un punto intermedio que conecta a los viajeros que planean ir desde el desierto hasta Marrakech, ha sido el escenario principal de famosas películas que le han acarreado fama.

Películas como Gladiador, La joya del Nilo, El hombre que quiso ser Rey, El reino de los cielos y más recientemente de la serie Game of Thrones, han sido sólo algunos de los muchos que han ocupado este pueblo como paisaje impresionante y exótico.

Este pueblo ha sido declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde el año 1953 y desde ese año, debido a la gran cantidad de turistas que lo visitan mes a mes, lo están convirtiendo en el Disney Land de Marruecos que aún conserva algunos rasgos austeros que le dan su toque tradicional.

Para llegar ahí, es necesario bajar por una calle abarrotada de tiendas de souvenirs y cruzar un río por medio de un puente elaborado de costales de arena sobrepuestos.

Cuando ha llovido y resulta complicado cruzarlo, utilizan los servicios de un burro para cruzar, uno por uno, a cada uno de los turistas. Por suerte, ese día el río no tenía mucha agua prescindimos de los servicios de los burros para cruzar.

Cruzando el río hacia Ait Ben Hadu

Cruzando el río hacia Ait Ben Hadu

Una vez visitado esta hermosa kasbah, nos dirigimos a la localidad de Ouarzazate, el Hollywood africano y donde se encuentra el estudio de cine más grande de todo el mundo y en donde nos estarían esperando con té para todos en el hotel.


Marrakech

Citamos a los viajeros a las 10:00 de la mañana, ya desayunados, en el lobby de nuestro hotel. El desayuno en el hotel fue bueno y, para variar un poco, había cuscús – ¡sí, de desayuno! junto con otras cosas contundentes para recuperar las calorías perdidas durante todo el viaje.

Salimos rumbo a la gran ciudad de Marrakech, confundida en repetidas ocasiones como capital de Marruecos y olvidándose de la grandiosa Rabat que, en esta ocasión no visitaríamos y lo dejaría para otro viaje.

185 km nos separaban de la ciudad. Sin embargo, al tener que atravesar la cordillera del Atlas, nos esperaba un viaje mayor a cinco horas.

Itinerario de Ait Ben Hadu a Marrakech

Itinerario de Ait Ben Hadu a Marrakech

Una carretera en zigzag, que subía y bajaba todo el tiempo; que a ratos parecía que nos desbordábamos hacia el barranco y en donde en gran cantidad de partes, no cabían dos vehículos al mismo tiempo, con lo cual había que ir dejando pasar a algunos para después pasar nosotros.

Para mí, una de las mejores vistas que tuve durante el viaje se quedó grabada en mi memoria. Para otros, mareos y vómitos resultaron incontenibles y probablemente también queden grabados en la suya – y en la de Juanito, que tuvo que limpiar el autobús después – .

Cruzando el Atlas, rumbo a Marrakech

Cruzando el Atlas, rumbo a Marrakech

Una sudadera convertida en tapabocas se convirtió en mi fiel compañera durante casi todo el viaje por el olor, casi insoportable, del vómito de los viajeros. Llegamos – por fortuna – a Marrakech.

Supe que estábamos cerca cuando, a lo lejos, vimos la torre de la Mezquita Koutoubia: símbolo de la ciudad que nos da la bienvenida y señalándonos la dirección a tomar. 69 metros de altura y esplendor, se observa desde la distancia, con sus azulejos y estucos, haciendo gala y presumiendo de su extraordinaria minuciosidad del arte musulmán.

Desde lo lejos, le arrebata grandiosidad al Atlas que hay detrás y provoca escalofríos de todo tipo.

Nos bajamos del autobús y nos da la bienvenida el cántico llamando a la oración y se me estremece todo el cuerpo.

Mezquita de Marrakech

Mezquita de Marrakech

Una vez instalados en el hotel, tenemos el día libre para que cada quien vaya a explorar la ciudad a su gusto. Al día siguiente, ya nos esperaría Mohammed para guiarnos por los pasadizos más escondidos de la ciudad.

Marrakech significa tierra de dios, en árabe. En los últimos años, se ha convertido en la ciudad de referencia del país por su rica y excelsa historia desde que fue fundada por los nómadas bereberes que llegaban desde el desierto.

El Zoco de Marrakech

El Zoco de Marrakech

Entre sus fragosas calles de la medina, te vas sumergiendo entre su bullicio y su folklor. En el zoco, encuentras todo tipo de artilugios y recuerdos de toda índole: desde ropa preciosa hecha a base de piel, especialmente de dromedario, recuerdos, souvenirs y artefactos electrónicos de dudosa procedencia.

Todo esto, anunciado – o más bien vociferado –  por los simpáticos vendedores políglotas, dispuestos a iniciar un duelo en el arte del regateo con cada cliente que pasa frente a su puesto.

Plaza Jemaa El-Fna, Marrakech

Plaza Jemaa El-Fna, Marrakech

Estando ahí y sin saber cómo, llegamos a la plaza Jemaa El-Fna. Al parecer, todas las calles terminan ahí, o da esa impresión, al menos.

Esta plaza es única en su especie. Lo mejor que se puede hacer aquí como extranjero es meterse a uno de los tantos cafecitos que la circundan y observar.

Haciendo esto, te metes en el delicioso jaleo de altos decibelios, ruidos estrepitosos, acróbatas de todo tipo, transacciones comerciales a voz de grito, lectoras de mano, entrenadores de monos, adivinos de labia entrenada y música: encantadores de cobras, que más que encantar a las serpientes, adentran al trance al turista que atrae con el sonido de su aguda flauta.

Por la noche, la plaza se transforma en otra. Todos esos personajes que formaban parte del bullicio del día, van desapareciendo poco a poco y van llegando sus reemplazos.

Van apareciendo, de lo más sutil, una especie de tiendas como las del desierto y, junto con ellas, un embrujo de olores que seducen al estómago y lo invitan a sentarse a comer.

Caracoles, pasteles de hojaldre, almendras, dátiles, aceitunas, fruto secos, brochetas de pollo, manzanas, naranjas y, nada más y nada menos que cuscús y tajine.

Percusiones de fondo, enriquecen la experiencia culinaria. Alguno que otro grito que forma parte del cántico, mezclado con una especie de platillo metálico, forma parte de la coreografía con la que reciben a los transeúntes mientras bailan, de lado a lado, con un simpático y rítmico trotecito.

Es imposible no disfrutar de aquel perfecto desorden. Todo lo contrario a una ciudad del norte de europa. Nada parece funcionar bien y, sin embargo, todo lo hace.

No dejé de sonreír ante mi visita a esta ciudad. Dejarte llevar por el corazón bullente de Marrakech es algo obligado. No es una ciudad peligrosa como ninguna de las que hemos visitado en nuestro viaje.

Marruecos es un país que se ha adaptado asombrosamente al turismo y lo cuidan como de su propia familia.

Sin lugar a dudas, es una ciudad intensa en todos los sentidos en que la veas. Aquel color rojizo que la caracteriza y que intensifica los rayos del sol, se quedó guardado en mi memoria.


Casablanca

Eran las 11:00 cuando dimos la orden a Juanito, el chofer del autobús, para emprender nuestro recorrido rumbo a nuestro último destino en nuestro viaje: Casablanca.

Con tan solo salir de Marrakech y tomar la carretera, o más bien autopista, que te lleva a Casablanca, empiezas a notar que esa ciudad es diferente a las demás. Era la primera autopista que tomábamos desde que entramos al país y la primera en estar verdaderamente como nueva.

Itinerario de Marrakech a Casablanca

Itinerario de Marrakech a Casablanca

Casablanca es la capital económica y financiera de Marruecos. Desde que entras a la ciudad, notas un ambiente diferente al de las demás ciudades.

Otro aroma, otra forma de vivir. Es la ciudad más occidentalizada de Marruecos, donde la minoría de las mujeres usan Hiyab y se entrelazan la tradición y la esencia del Marruecos moderno.

Atravesar la ciudad nos tomó unos 30 minutos. Pasando por un barrio en donde la pobreza era el alma de las solitarias calles, dividida por una gran avenida que marcaba el comienzo del barrio de los afortunados.

Mansiones señoriales, casas estilo embajadas europeas, hermosos jardines y calles limpias, formaron parte de la agradable vista rumbo a la Mezquita. Una simple avenida, dividía autoritariamente la miseria más grande, de la opulencia y extravagancia más inhumana.

Fotos reales de ambos lados de la avenida

Fotos reales de ambos lados de la avenida

Siguiendo en línea recta se alcanza a divisar la hermosa torre de la gran Mezquita. Por aquella avenida hermosa que zigzagueaba como serpiente, desembocamos en el puerto más grande e importante de todo el norte de África.

Repleto de gente con pinta occidental, de yates y barcos de lujo, se sigue avanzando hasta llegar por fin a la Mezquita más alta del mundo y la segunda de mayores dimensiones.

Semejante Mezquita es tan sólo superada por la de La Meca y, sin lugar a dudas, es el símbolo más reconocible y bonito de Casablanca.

Su hermosa torre, decorada de colores blancos y verdes, adornan sus 210 metros de altura. En el punto más alto de la torre, se encuentra un rayo láser que señala, día y noche, a La Meca.

Mezquita de Casablanca

Mezquita de Casablanca

La entrada a la Mezquita no es algo a discutir. Debe formar parte del itinerario de cualquier visitante que viaje a Marruecos. A pesar de tener un precio bastante elevado, si comparamos el precio del resto de monumentos del país, es una visita que no deben perderse.

120 Dirhams, equivalente a más o menos 12 euros, pagamos por persona en este viaje – 2016 –. Una belleza arquitectónica que deslumbra a cualquiera que se aventure a entrar.

Interior de la Mezquita de Casablanca

Interior de la Mezquita de Casablanca

Una hora y media fue la duración de mi visita al interior de la Mezquita. De no haber sido porque sólo pasaría un día y medio en Casablanca y  todavía quedaban muchas cosas por descubrir, hubiera disfrutado de otra hora más, sin problemas.

Casablanca tiene mucha historia. Sin embargo, la mayoría de los sitios de interés son prácticamente nuevos; la Mezquita se construyó de 1985 a 1993. El barrio Habous, se construyó a principios del siglo XX; la medina es de las más modernas del país y se remonta al año 1770.

Medina de Casablanca

Medina de Casablanca

Si bien no es tan antiguo ni tampoco tiene la belleza de otros casos históricos del país, es posible respirar el aroma de la vida típica que se desenvuelve en las medinas clásicas musulmanas.

El poder deambular por sus serpenteantes y estrechas callejuelas y percibir los aromas de las especias, de la comida callejera y el trabajar de los artesanos, no es algo de lo que carezca la ciudad.

Como todas las medinas, está rodeada por una muralla. Muy cerca de ahí, bordeando la muralla, se llega al increíble bastión de la Sqala con su hilera de cañones que apuntan hacia el océano, cómplices y testigos arrepentidos de más de cien hundimientos en épocas de guerra.

Si bien es una ciudad bella e interesante – sobretodo por la Mezquita – No me pareció una ciudad imprescindible si se tienen pocos días para visitar al país.

Marruecos es una joya de país. Es un país exótico que ofrece calidez y sonrisas constantes a sus visitantes. Casablanca, no es la excepción en este sentido.

No obstante, a mi parecer, careció de esa pequeña chispa que atrapa a los viajeros. Un algo que hace que quieras regresar.

Dedicamos dos preciosos y soleados días a recorrer Casablanca antes de salir de vuelta a Tánger para dar por terminado nuestro recorrido.


Termina el viaje a Marruecos – ocurrió una tragedia en la frontera

Montados en el autobús, emprendimos el viaje de vuelta a casa. Cuatro horas era la duración hasta llegar a Tánger, en donde volveríamos a tomar el ferry que nos llevaría a Tarifa por el estrecho de Gibraltar, volveríamos a subir al autobús para ir directo a Madrid, con alguna parada intermedia en el camino.

Itinerario de Casablanca a Tánger

Itinerario de Casablanca a Tánger

Una de las situaciones más tristes que he vivido en mi vida, fue al llegar a Tánger y dirigirnos hacia el puerto.  Ya nos había advertido Mohammed sobre lo que solía pasar en ese tramo pero no lo había creído.

Estando a 10 minutos de llegar al puerto para abordar el ferry que nos cruzaría, comenzamos a escuchar golpes en el autobús. Juanito, el conductor, comenzó a dar volantazos bastante bruscos y escuchábamos sonidos en el techo y en el suelo del transporte.

Alcancé a observar por el retrovisor que había niños agarrados de las ventanas del autobús. Por afuera. Niños trepando hasta el techo, otros agarrados de la parte trasera, niños corriendo al lado nuestro.

Todo pasó demasiado rápido. Eran cuando menos 10 niños, de entre 15 y 20 años, intentando meterse a como diera lugar en nuestro transporte para poder cruzar el mar y entrar en España. Juanito, de manera despiadada, giraba el autobús, aceleraba y frenaba bruscamente para que se bajaran los niños.

A lo lejos, varios policías vieron la situación y emprendieron su recorrido a nuestro transporte para bajar, a punta de golpes, a los pobres individuos desesperados por encontrar una vida mejor al otro lado del mar.

Fue una experiencia triste. Duró tan solo 4-5 minutos. Me impresionó, pues nunca había vivido tan de cerca la desesperación de alguien, arriesgando su vida, por encontrar una mejor.

Más tarde, ya en el Ferry y durante la inspección de nuestro vehículo, descubrieron a un niño que había conseguido meterse debajo del autobús y había pasado la primera revisión.

Sin embargo, al pasar el autobús por una especie de escáner, descubrieron su presencia y lo cogieron preso.

Mohammed nos contó que es algo de todos los días. Lamentablemente, ocurren con frecuencia accidentes, muchos de ellos mortales, para los pobres niños que se avientan en los coches para esconderse y poder pasar la revisión.

Algunos lo logran, pero el destino que les espera una vez del otro lado, no siempre suele ser esperanzador.

En mis años de vivir en Madrid, 4 hasta día de hoy – agosto del 2017 –, he conocido a unos cuantos marroquíes que han pasado la frontera de manera ilegal y han podido obtener los papeles y trabajar dignamente.

Otros no han corrido con la misma suerte a la hora de encontrarse en las carreteras para llegar a las ciudades principales con personas que los denuncian al instante.

Personas que los hacen creer que los llevarán a la ciudad y los terminan llevando a la policía. Otros, que para poder sobrevivir, se involucran en actividades inmorales y terminan tras las rejas, con razón, etc.

Esta fue la única experiencia que tuve en este hermoso viaje, que me dejó un sabor amargo. Me hubiera gustado terminar con broche de oro, como decimos en México. No lo fue. El regreso a casa fue silencioso.

El cansancio, mezclado con lo que acabábamos de vivir, nos dejó un recuerdo que, por lo menos a mí, me hizo reflexionar sobre lo afortunados que somos algunos.

Sobre el privilegio que es poder viajar cuando se antoje o se tenga un rato libre. Sobre la suerte que tuve de haber nacido en la familia que nací y que me permitió cultivar mi pasión de viajar.

Esto es parte de los viajes. No todo es miel sobre hojuelas. No todo sale como se planea, pero es parte de nuestro crecimiento como personas.

De esto se trata viajar, de vivir experiencias que te dejen una enseñanza, una moraleja, un aprendizaje y una historia que compartir con otras personas que estén pensando en seguir una ruta similar.

Todo el grupo en Marrakech

Todo el grupo en Marrakech, al final del viaje a Marruecos


Vídeo del viaje